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Cómo hacer que tus clientes te recomienden sin tener que pedírselo

Lo que cuento en el post

Hay asesores con clientes encantados que llevan años sin recibir ni una sola recomendación nueva por su parte. Y no es porque esos clientes no estén satisfechos, es porque la satisfacción sin más no genera acción por su parte.

Esto es algo que aprendí tarde y por eso te lo explico, por si estás en las mismas que yo hace años. La recomendación espontánea no es un acto de generosidad del cliente, es una consecuencia de algo que tú construyes o no construyes a lo largo del tiempo.

Te cuento cómo funciona realmente y qué puedes hacer para que tus clientes te recomienden con más frecuencia.

Por qué un cliente satisfecho no te recomienda

La primera trampa es creer que hacer bien tu trabajo es suficiente para que hablen de ti. No lo es. Un cliente satisfecho no recomienda por una razón muy concreta: no tiene un motivo activo para hacerlo. Está contento, sí, pero está ocupado con su negocio, con su vida, con sus propios problemas. Pensar en ti no está en sus prioridades.

Hay otra cosa que en este sector pasa mucho: el cliente no sabe explicar qué haces. Sabe que le llevas los impuestos y que las cosas van bien, pero no sabe explicar por qué eres buen asesor, qué te diferencia o qué problemas en concreto resuelves. Y si no puede explicarlo, no puede recomendarte con convicción.

Aquí entra en juego «La ilusión de la cartera» de la que te he hablado otras veces. Puedes tener cincuenta clientes que te adoran y que no te han traído ni una referencia en dos años. Porque tener un buen volumen de clientes satisfechos no es lo mismo que una estrategia que te trae recomendaciones. Son dos cosas diferentes.

La recomendación de clientes de forma espontánea ocurre cuando se dan tres condiciones a la vez:

  1. El cliente tiene una muy buena experiencia.
  2. Sabe exactamente qué problema resuelves.
  3. En algún momento reciente le has dado un motivo para pensar en ti.

 

Si te falta alguna de las tres, la recomendación se queda en una intención y nunca llega a ser real.

Cómo recibir recomendaciones de clientes

Cómo crear experiencias que se cuenten solas

No tienes que hacer algo extraordinario ni regalar nada siquiera. Me refiero a momentos concretos dentro del servicio que el cliente recuerda y cuenta. Te pongo algunos ejemplos:

1. Dejar claro lo que haces

El primero es hacerle visible lo que haces por él. Lo repito porque es el error más extendido en el sector: los asesores previenen problemas que el cliente nunca ve. Detectas un riesgo, lo resuelves antes de que explote y el cliente no se entera. Para él, todo va bien, como siempre. Pero no asocia ese “todo va bien” con tu trabajo.

Cámbialo. Cuando detectes algo relevante, díselo. No de manera técnica, sino algo así:

“He revisado tu situación y había un punto que podría haberte generado un problema en la siguiente inspección. Ya está corregido, se trata de …”.

Eso se cuenta, se recuerda y es exactamente lo que un cliente le cuenta a otro empresario cuando le preguntan quién le lleva el negocio.

2. Revisiones periódicas

El segundo momento es la revisión periódica con perspectiva. Dos veces al año siéntate con tiempo con ese cliente y habla de cómo va su negocio, qué ha cambiado y hacia dónde va.

Este tipo de reunión es necesaria para que sienta que tienes una visión de su situación, que estás pendiente y comprometido con su mejora. Genera una percepción de valor que ninguna gestión trimestral consigue por sí misma.

3. Resolver sus problemas

Resolver algo rápido cuando más lo necesita. No siempre es posible y yo siempre te pediré que no vivas como si fueras Alerta 112. Pero si en un momento crítico para ese cliente estás disponible y le das una respuesta clara, ese momento vale por años de servicio ordinario. Y eso, sí se cuenta.

Recuerda que algo que haces siempre es obligación. Cuando lo haces de manera muy puntual, es un favor que no se olvida.

Pedir reseñas sin parecer un pesado

Hay una manera de pedir una reseña que genera un punto de incomodidad y hay otra que es mucho más sencilla. Se trata del contexto.

El momento más equivocado para pedir una reseña es en frío, por email masivo o después de un trimestre complicado. Sería más correcto después de un momento positivo: acabas de resolver algo a favor de tu cliente, te ha dicho que está contento, has tenido una conversación en la que ha quedado satisfecho…

En ese momento, puedes decirlo con naturalidad:

“Me alegra que haya ido bien. Si en algún momento te apetece dejar una reseña en Google, me ayuda mucho. Con dos líneas es suficiente”.

Puedes también hacerlo por escrito:

“Fue un placer resolver esto contigo. Si tienes un momento y te apetece, una reseña en Google siempre ayuda a que otros puedan encontrarme. Aquí te dejo el enlace directo. Gracias de antemano.”

Esto es corto, sin presión y surge de manera más natural porque así la persona lo hace con mejor intención.

Cómo activar a los clientes que ya tienes para que hablen de ti

Hay clientes que llevan años contigo, que te tienen confianza y estarían dispuestos a recomendarte si les dieran un pequeño empujón. No hace falta esperar a que surja ese momento más orgánico. Puedes crearlo.

Una forma es dentro del mensaje de revisión semestral. Contactas con el cliente, le propones una llamada breve para revisar cómo está su situación, y en esa conversación tienes ya la oportunidad de recordarle el valor de lo que haces. Al final de la llamada, si ha ido bien, es el momento perfecto para mencionar la reseña o simplemente algo así:

“Si conoces a alguien que pueda necesitar este tipo de servicio, me alegraría que me lo presentes”.

Otra opción es crear algo que valga la pena compartir. Una guía práctica, un resumen fiscal del año, una nota sobre un cambio normativo que les afecta directamente. Algo útil que el cliente pueda reenviar a otro empresario con un simple: “Mira, esto me lo ha enviado mi asesoría”. Eso es visibilidad sin esfuerzo de tu parte y con todo el peso de la credibilidad de quien lo reenvía porque lo ha considerado de valor.

Diferencia entre cliente y prescriptor

Un cliente fiel es el que se queda. Un cliente prescriptor es el que trae a otros. Son perfiles distintos y no siempre coinciden.

El cliente prescriptor suele tener tres características:

  1. Entiende bien lo que haces.
  2. Tiene una red social activa en su entorno empresarial.
  3. En algún momento le has dado una experiencia que valió la pena contar.

 

Cuando identificas quiénes son estos clientes en tu cartera, puedes poner más foco en cuidar esa relación de forma más estratégica.

No quiero que pienses que es manipulación, sino simplemente amplificar lo que ya tienes. Una asesoría que crece de forma sana no crece solo por hacer buen trabajo, crece porque tiene una estrategia, aunque sea sencilla, que convierte la satisfacción en valor percibido.

Esta estrategia empieza por esto: dejar de asumir que el cliente ya sabe lo que vales.

En mi caso acompaño a despachos a mejorar sus negocios con mis servicios de digitalización de asesorías, mi sistema OCC, mi formación o mentoring para asesorías y mis servicios sobre captar clientes para asesorías. No dudes en contactarme si quieres escalar tu despacho.

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